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Las 3 fases del estrés

El estrés no siempre es negativo. Al contrario, nos alerta, nos anima a reaccionar y tomar las decisiones necesarias para gestionar mejor las situaciones a las que nos enfrentamos a diario. Pero cuando se presenta un exceso de estrés esto claramente es negativo, porque altera nuestro equilibrio psicológico, nos paraliza y nos impide adaptarnos. El estrés se describe clásicamente en tres fases.

El estrés no siempre es negativo. Al contrario, nos alerta, nos anima a reaccionar y tomar las decisiones necesarias para gestionar mejor las situaciones a las que nos enfrentamos a diario. Pero cuando se presenta un exceso de estrés esto claramente es negativo, porque altera nuestro equilibrio psicológico, nos paraliza y nos impide adaptarnos. El estrés se describe clásicamente en tres fases.

1) Fase de alerta

Ante un factor desencadenante, el organismo se moviliza inmediatamente:
• Los latidos del corazón se aceleran para impulsar más sangre para que llegue con más rapidez a los miembros que la necesitarán para afrontar ese estrés.
• La temperatura corporal y la presión arterial aumentan.
• Se aumenta la vigilancia.
• Se sienten palpitaciones y temblores.

2) Fase de resistencia

Es la lucha contra el estrés. Se secretan una gran cantidad de hormonas, incluido el cortisol, la llamada hormona del estrés. El hígado libera glucosa en la sangre para proporcionar combustible a los músculos. Si la acción tomada es la adecuada, el factor desencadenante desaparece y todo vuelve a la normalidad. Estamos hablando aquí de estrés agudo. Si no es así, entramos en la siguiente etapa de estrés crónico (que perdura en el tiempo).

3) Fase de agotamiento

En determinadas situaciones, este estrés crónico se vuelve permanente, omnipresente y, por tanto, inadecuado. Por ejemplo, un retraso de 5 minutos genera un estrés menor y es perfectamente manejable en tiempos normales, a menos que corras el riesgo de perder el avión o imagines escenarios de desastre. La repetición de tales anticipaciones sobrecarga el organismo y acaba por agotarlo, con repercusiones en la calidad de vida: irritabilidad, fatiga, dificultad para concentrarse, memoria, etc.

Fuentes:
(1) Ministerio de Salud, La fisiología del frío, Informe INVS 2009.
(2) Aylin P. et al., Temperatura, vivienda, privación y su relación con el exceso de mortalidad invernal en Gran Bretaña, 1986-1996, Int J Epidemiol, 2001, 30(5): 1100-8.
(3) Tae Woong Whon et al., Caracterización metagenómica de la diversidad del ADN viral en el aire en la atmósfera cercana a la superficie, Journal of Virology, 2012, 86(15): 8221-31.
(4) Instituto de Vigilancia de la Salud (InVS), Frío y salud: elementos de síntesis bibliográfica y perspectivas, Informe de investigación.

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